domingo, 7 de agosto de 2011

IX



El río dorado al atardecer
serpenteaba por las viejas piedras
del centro de la ciudad
nadie oía su cantar profundo
se aleja con cautela y
se despide de la muralla .
Llega a un ligero valle
silente y escondido y se deleita
con la melodía de aquellos pasos
que las hojas secas delataban.

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